
Pero en 2004 Redondo se fue del fútbol con una espina clavada. La llegada de Daniel Passarella a la albiceleste lo sacó del Mundial del 98, pues el tozudo técnico obligaba a sus dirigidos a cortarse el pelo y no llevar aros. Redondo lo que más cuidaba era su melena y como no estaba para payasadas renunció a la selección. Payasadas que, en todo caso, no dejarán de repetirse en el fútbol.
O que Royston Drenthe diga lo contrartio. Drenthe es un holandés que juega en el Real Madrid y que, por esas cosas que pasan, se les cruzó a los hinchas merengues. Pifias por doquier, uno que otro insulto racista (el hombre es negro) y críticas de la prensa lo llevaron a borrarse de los últimos tres partidos de su equipo. El muchacho como que se deprimió.
El asunto es que aparte de ser moreno, Drenthe luce una larga cabellera y distinguidos brillantes en sus orejas, lo que poco y nada debe influir en su rendimiento con el Madrid y que, por cierto, le debe traer harta suerte con las damas.
Pero Alfredo Di Stéfano, el hombre de 82 años que es presidente honorífico y emblema del club, piensa todo lo contrario, como en su tiempo lo hacía Passarella con Redondo.
A la Saeta Rubia, como llamaban a Di Stéfano en su época de jugador, se le cayó el calendario y, sin arrugarse, señaló que el holandés "debería cortarse el pelo y quitarse los pendientes". ¿Qué tiene que ver el pelo y los pendientes en pegarle mal a la pelota? Vaya a saber uno.
Pero Drenthe, que ya se está acostumbrando a las quejas del resto sobre su nivel futbolístico, le puso el pecho a las balas y no se achicó, por más que el que le estuviera diciendo tamaña tontera fuese Di Stéfano.
"Yo escucho todo lo que dice él y doy lo máximo para el club, pero lo del pelo y los pendientes es un tema personal. A mí me encanta ir así, así que no voy a seguir sus indicaciones", le respondió el holandés, acaso en su mejor jugada desde que está en el Real Madrid.